Yacuiba en un estado de shock

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Opinión, Esteban Farfán, Yacuiba, Coronavirus, Bolivia, Salud, Médicos

Yacuiba en un estado de shock

Los médicos dicen que una persona ingresa en un estado de shock, cuando los órganos vitales no reciben suficiente y necesario oxígeno y sangre a los tejidos para que éstos funcionen regularmente.

El shock es una afección grave, en caso que la persona no reciba oportuna atención y tratamiento urgente, los daños pueden ser irreparables, pudiendo llegar incluso a la muerte. Por ello, si detectamos que está sufriendo un shock, es fundamental que le demos los primeros auxilios para reducir el riesgo de que los órganos vitales sean dañados.

Hay diferentes motivos que pueden provocar este estado de shock, pero los más comunes son, por ejemplo, la pérdida de sangre masiva causada por traumatismos o quemaduras graves, la congelación de tejidos, reacciones alérgicas y fallos cardíacos, causas en definitiva que impiden la correcta distribución del oxígeno por el cuerpo.

Los médicos afirman que el estado de shock no es una enfermedad, sino un estado originado por otro motivo, por lo que me sirve para ilustrar lo que quiero expresar.

Haciendo analogía de esta situación en una sociedad como la nuestra, un estado de shock, no necesariamente es una aciaga circunstancia imprevista sobreviniente de proporción perjudicial, sino cuando un pueblo pierde su perspectiva, su horizonte histórico, su rumbo.

¿Cómo identificamos esta circunstancia? Una sociedad ingresa en un estado de shock cuando pierde su narrativa, su sentido común, su historia, su relato.

¿Y por qué es importante la narrativa? Porque la narrativa[1] precisamente es la construcción discursiva que orienta, que le da sentido de perspectiva  de dirección y de futuro, y la que moviliza a la sociedad en torno a algo que perseguir como un sueño, un ideario compartido y justificado mayoritariamente.

Yacuiba en este momento se encuentra en un shock, porque el mito de la autonomía regional ha fracasado estrepitosamente como ‘proyecto [2]’ de sociedad, como consecuencia de que el mismo no fue un proyecto de verdad, sino una mera aventura de una clase política egoísta que únicamente le interesaba aprovechar al máximo de los la disponibilidad discrecional de los ingentes recursos económicos que iba a posibilitar el vehículo de la autonomía.

Como lo advertí en su oportunidad, nunca hubo proyecto (de verdad) de sociedad, de región de la autonomía regional, pues detrás de la potente frase novedosa y prometedora, no había nada, era una caja vacía, un globo vistoso que solo contenía aire, que al primer pinchazo, iba a a volar por los aires.

Ahora nos damos cuentas que la Autonomía Regional fue tan solo una excusa para que la clase política gastara (despilfarrara es el término correcto) a manos llenas, sacándole la mayor tajada para beneficio propio.

En 2006 los astros se alinearon para la economía chaqueña, con la elevación a precios inéditos y no pronosticados, generando excedentes históricos nunca vistos. Literalmente nos hemos sacado la lotería y, ha sido el premio gordo.

Después de haber pasado más de Bs. 16.000 MM por el Chaco sólo por concepto de regalías [3], nos damos cuenta que hemos perdido una gran oportunidad histórica para producir cambios profundos en la sociedad, por lo tanto en la realidad.

De la borrachera de despilfarro, quedan como mudas testigos del daño ocasionado las megaobras faraónicas inútiles como elocuentes monumentos a la improvisación y derroche de la actual clase política, que ha privilegiado el gasto a manos llenas en el cemento, fierro y asalto.

Esta clase política exprimió la naranja hasta dejarla seca, ordeñó la vaca lechera hasta dejarla sin ubre, famélica y raquítica con los huesos brillando.

Una clase política insolidaria y egoísta que ha vivida de espaldas del pueblo, de la gran mayoría yacuibeña, pero que tuvo connivencia rápida, pronta, oportunista y ventajista con el Gobierno del MAS y Evo Morales como esbirros serviles y genuflexos, para beneficio propio.

Ante el evidente fracaso del relato mentiroso [4] de la Autonomía Regional [5], la sociedad chaqueña, y sobre todo la yacuibeña[6], se encuentra en este momento en un estado shock, al constatar que todo fue una fiasco, una estafa, una vil mentira muy bien planificada por la actual clase política.

Los abundantes recursos de las regalías (sangre) se acabaron abruptamente, y la falta de oxígeno que siente la población por esta circunstancia es muy evidente y está causando los efectos perniciosos, ocasionando una crisis.

Yacuiba experimenta una estanflación[7], porque no ha aprovechado provechosamente la enorme cantidad de recursos  de las regalías para diseñar, fundar y construir una estructura económica productiva sostenible propia, independiente de los recursos naturales, que posibilite consolidar y ampliar una base económica en base a la generación de riqueza con valor agregado y competente, innovador, creativo y en cantidad.

Ante este fiasco descubierto, rápidamente los patrocinadores de la Autonomía Regional se lavaron las manos y se hicieron los desentendidos, eludiendo toda responsabilidad, e ignorando absolutamente.

¿Qué hacemos?

Ante esta circunstancia de profunda crisis política, social y económica, ¿qué hacer? Aprender la dura lección, reponernos como sociedad, y volver a (re) plantearnos un nuevo derrotero que nos lleve a alguna parte, y nos vuelva a ilusionar colectivamente, pero corrigiendo los errores cometidos.

Debemos evitar que la historia se repita. Hay algunas frases de pensadores que se han vuelto famosas por varias causalidades; me interesa citar una de Karl Marx, bastante recurrente en nuestros tiempos aciagos de crisis política, adecuadamente utilizado para evaluar las revoluciones y fenómenos sociales.

La famosa frase dice así: “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa” (que es un complemento a la frase original formulada por Hegel), parodiando de esta forma el golpe dado por Carlos Luis Napoleón Bonaparte[8] como una imitación inferior del verdadero 18 de brumario: el golpe dado el 9 de noviembre de 1799 (18 de brumario del año VIII, según el calendario republicano) por Napoleón Bonaparte, culminando la fase revolucionaria del ascenso de la burguesía al poder e iniciando el imperialismo expansionista francés en Europa.

Hegel dice que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Marx completó la idea.

No podemos seguir postrados lamentándonos inmóvil y alargando la hemorragia de manera necia, caprichosa y autodestructiva. Creo que el contexto actual es la oportunidad perfecta para sacudirnos del fracaso, levantarnos, ponernos de pie, reflexionar y redefinir una nueva dirección, habiendo asimilado muy bien la experiencia precedente, haciendo una nueva apuesta de avanzada.

No podemos perder más tiempo, no solo porque el tiempo es valioso, sino porque ya no se puede recuperar el mismo, por lo que el tiempo que se pierde sin un relato, es tiempo que no vuelve nunca más.

Es por ello que planteo una nueva Visión Estratégica de Desarrollo para Yacuiba y el Gran Chaco, y es la Agenda Yacuiba 20-40, que plantea la construcción de una Nueva Sociedad moderna con características del siglo XXI, en el que se establezca una nueva institucionalidad estatal, económica, cultural, social y política, que construya, consolide y expanda una nueva estructura económica sostenible y de vanguardia que genere riqueza y valor competitivo.

Está claro que lo que hay que hacer de inmediato, es cambiar la matriz económica dependiente del patrón de desarrollo primario exportador, una economía totalmente dependiente de las regalías, y éstas de los precios internacionales a una sostenible, estable y controlable, lo que nos obliga a ser creativos e imaginativos.

Con esta crisis del coronavirus, los precios del crudo han caído a 35 dólares el barril, y los expertos pronostican que si las cosas siguen así, bajará a 20 dólares.

Nos jugamos el futuro

Ahora nosotros, debemos ser muy conscientes que Yacuiba se juega su futuro y la oportunidad de salir de esta crisis de manera diferente, por lo que Yacuiba requiere de (nuevos) políticos decentes, idóneos y comprometidos y que no engañen a los ciudadanos con cantos de sirena [9], falsos y fáciles discursos cargados de mucha demagogia.

Yacuiba se juega la oportunidad de mantener hundida y caída la cabeza en los hombros o levantarla para mirar más allá un nuevo horizonte desafiante y prometedor, amalgamando un nuevo relato cohesionador, vertebrador e integrador, que señale un nuevo futuro y sea rector y dirigente.

Yacuiba puede llegar a ser muy potente por las ventajas comparativas que posee, pero ésta circunstancia depende de la emergencia de una nueva clase política [10] visionaria y capaz, que tenga las condiciones para sacarle el mayor provecho.

Yacuiba tiene en este momento una élite política cateta, pueblerina, incompetente, desamorada y muy corrupta. Es por eso que Yacuiba ha perdido de manera importante protagonismo en la Región y en el Departamento.

Lo que significa que si Yacuiba aspirar tener una nueva realidad, requiere constituir una nueva clase política profesional, comprometida y competente en la gestión pública primero, para luego influir en las demás partes del cuerpo social.

Si es que no se toman decisiones drásticas, el pronóstico es inquietante y amenazante, por lo que la prioridad central medular del debate no solo definir “quién” o “quiénes” como ha sucedido hasta ahora, sino “qué” haremos y “cómo” lo haremos y en qué tiempo.

Es con ideas, razones y propuestas concretas, serias y posibles, y no con caprichos de grupos, cómo saldremos de la situación actual. Es poniendo los intereses de Yacuiba siempre primero y por delante, porque el desafío es muy grande, por lo que requiere del esfuerzo sin retaceo de todos.

Debemos saber que la historia la hacemos ahora, por lo que debemos definir cómo vamos a garantizar la proyección de un nuevo futuro que sea para todos y entre todos.

El dilema crítico, decisivo e histórico  de Yacuiba: ¿cambio o transformación?

No hay ninguna duda, de que este tiempo inequívocamente los yacuibeños nos encontramos en este momento de la historia en una encrucijada crítica, en un punto de bifurcación histórica virtuosa de oportunidad, en un período de decisión muy determinante e importante, porque dependiendo de cuál sea ésta, va a definir la viabilidad de nuestro Municipio, el futuro del mismo y el tipo y nivel de vida de nosotros.

En consecuencia, la pregunta capital es, ¿vamos a seguir insistiendo en el mismo modelo de gobierno y gestión aplicado en los últimos 15 años haciendo lo mismo, y esperando ingenuamente resultados diferentes?, o ¿vamos a atrevernos a decidir cambiar de modelo y paradigma explorando otras rutas más prometedoras y promisorias como la que propongo en el proyecto Agenda Yacuiba 20-40?

Porque estoy absolutamente convencido de que no se trata solo de cambiar de personas (políticos) en los espacios públicos estratégicos, por otras de caras nuevas, de género, incluso tampoco generacional, ni siquiera (sólo) de personas competentes, porque sólo esto, no es suficiente condición, pues no garantiza absolutamente nada de resultados diferentes; sino el de substituir la actual rancia y obsoleta élite política y estructura básica institucional agotada de gobierno y de gestión.

Lo que creo firmemente que debe ocurrir necesariamente, es que solamente a través del diseño y la fundación y construcción de un verdadero proyecto contextual, visionario, desafiante, prometedor y disruptivo de (un nuevo) Municipio (sociedad) autónomo, competitivo, moderno, inteligente, incluyente y abierto al mundo, que establezca e instituya las bases (sólidas) de una nueva institucionalidad congruente con el tiempo en que vivimos, de acuerdo a una visión estratégica sostenible de desarrollo a implementarse en un tiempo determinado, la construcción de una Nueva Yacuiba moderna e incluyente, gestando, ofreciendo y garantizando Oportunidades Para Todos, para el crecimiento, desarrollo, seguridad y bienestar de todos los yacuibeños.

Si sólo nos limitamos a cambiar de personas (por otras), como las autoridades ejecutivas y legislativas como ha sucedido en los últimos años, y seguimos con la misma estructura institucional que nos ha reportado de forma reiterada fracasos, y la ausencia de una perspectiva histórica en el horizonte, habremos cambiado, para no cambiar nada (gatopardismo), un nuevo simple cambio cosmético y sin efecto positivo.

Estoy absolutamente convencido que el gran reto y desafío histórico de Yacuiba, es provocar e impulsar una ruptura brusca con el actual sistema establecido, para la transformación profunda, estructural, incluyente, sostenible y sistemática, sobre la base de un proyecto de una nueva sociedad de acuerdo al contexto y futuro.

La Agenda Yacuiba 20-40 es una seria, amplia, reflexiva y trascendente propuesta programática transhistórica disruptiva, visionaria, vanguardista, aspiracional, superadora, alternativa y viable de (nueva) sociedad, conteniendo energía lumínica que señala el camino virtuoso para la construcción entre todos y para todos, la “Nueva Yacuiba del Siglo XXI”.

Hay una necesidad apremiante y urgente por encontrar nuevos cauces de desarrollo, que estimulen el emprendimiento, la creatividad y la innovación, en la búsqueda de un crecimiento y un desarrollo sostenible, equitativo e inclusivo.

Opinión, Esteban Farfán, Yacuiba, Coronavirus, Bolivia, Salud, Médicos

Por Esteban Farfán Romero


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