Lecciones que deja la crisis en Argentina

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Argentina es una de las mayores paradojas del escenario internacional.

Uno de los países más ricos del planeta, en recursos naturales y humanos, está nuevamente sumergido en una profunda crisis económica y política con graves consecuencias sociales para los más de 44,2 millones de habitantes.

El desequilibrio económico que enfrentan las cuentas públicas en el vecino país, fruto de la pésima administración de las últimas dé- cadas, de la corrupción, el endeudamiento y la negligencia de su clase política, coloca hoy a Argentina frente a un nuevo riesgo de default (quiebra) ante la comunidad internacional, situación que afecta a América Latina en su conjunto.

El descalabro argentino se expresa en la recesión de su economía, los altísimos niveles de inflación, el incremento del precio del dó- lar, que superó los 60 pesos en los últimos días, y la incapacidad del Estado para enfrentar su abultado déficit fiscal.

Argentina, y no es de ahora, gasta más de lo que produce. Tras heredar una economía ahorcada por las deudas internas y la falta de financiamiento externo, tras las sucesivas gestiones del kirchnerismo, Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015), el actual presidente Mauricio Macri optó por un “ajuste gradual” que permita sacar a Argentina de la profunda crisis de confianza y el desequilibrio fiscal.

La pesada herencia del populismo, pensó Macri, solo se pagaría con reducción de gastos e incremento de impuestos y servicios públicos, y con el regreso de capitales extranjeros para aumentar la inversión para la recuperación de las capacidades productivas.

La falta de celeridad en los ajustes y los cambios adversos en la economía mundial dejaron a Macri colgando de un hilo que hoy parece que se rompe irremediablemente. De la furia de la mayoría de los argentinos con la corrupción y el populismo del kirchnerismo 

pasamos al actual malestar de esos mismos ciudadanos con la actual gestión de Macri, por su incapacidad para reencauzar al país por la senda del crecimiento y el equilibrio. Los resultados de las elecciones primarias del domingo 11 son reflejo de este difícil proceso.

La fórmula peronista encabezada por Alberto Fernández y la propia Cristina Fernández obtuvo más de 15 puntos respecto de lo obtenido por el actual mandatario. Una verdadera catástrofe electoral. Argentina está en las puertas de las elecciones generales del 27 de octubre en las que se elegirá al presidente para el periodo 2020-2025 y se renovará casi la totalidad del Congreso.

Consciente de la titánica tarea que significa revertir su derrota electoral, Macri ha anunciado un paquete de medidas econó- micas que apuntan a aliviar el malestar de los sectores de clase media con aumentos salariales, reducciones de impuestos y bonos, al mejor estilo de las políticas populistas de sus antecesores.

Nada dice que la crisis argentina pueda resolverse en el corto plazo, ni siquiera con la renovación de sus autoridades. Es un país quebrado porque fue mal administrado y sus políticos ya dieron sobradas muestras de su negligencia e incapacidad.

Sacarlo del actual pozo en que se encuentra demandará, necesariamente, de un nuevo pacto político que permita administrar la economía de forma radicalmente diferente.

Con la economía no se juega. Ojalá los políticos locales tomen buena nota de lo ocurrido en el vecino país y establezcan las bases para garantizar el crecimiento con sanidad en las cuentas públicas, proceso que solo se logra sin demagogia y con mayor transparencia, eficiencia y equidad social en las decisiones que afectan a millones de personas.

Editorial El Deber


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