OPINIÓN: Muerte por asfixia

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Quinientos años en el poder era una ilusión, aprobaron leyes a medida de sus ambiciones. Ocultaron bajo el poncho sus malas intenciones, borraron la República y crearon un híbrido “plurinacional” que nunca prosperó.

Alentaron el crecimiento de cultivos de coca y entregaron a Bolivia a los brazos del narcotráfico. El Movimiento al Socialismo (MAS) creyó estar por encima del pueblo y no lo estaba.

La muerte por asfixia mecánica, según los expertos, sucede en cuatro pasos: sumersión, estrangulamiento, ahorcadura y sofocación, proceso que el MAS transitó durante 13 años y 241 días.

Sumersión

La sumersión inició un gris 22 enero de 2006, con un célebre rodillazo, en el bajo vientre, que marcaría la eliminación de partidos políticos, la virulenta persecución a líderes cívicos y políticos, prostitución de organizaciones sociales, compra de líderes sindicales, censura a medios de información y, como corolario, el montaje del siniestro caso terrorismo; era sólo el principio. El MAS mostraba los dientes mientras medía fuerzas y eliminaba del camino a opositores, críticos y librepensadores para imponer el llamado “proceso de cambio”, una “estrategia envolvente” hacia la nada.

Estrangulamiento

Luego vino el estrangulamiento, una fase devastadora del sector privado mediante el camuflado doble aguinaldo y el falso eslogan “Esfuerzo por Bolivia” que quebró empresas y ayudó a consumar el surgimiento de la nueva burguesía masista en base a contrataciones directas, sobreprecios, coimas, uso y abuso de bienes incautados y públicos y una larga lista de negociados de la A a la Z.

La prensa boliviana registró al menos 30 hechos de corrupción e irregularidades en los últimos diez años de gobierno. Destaca el caso del Fondo Indígena, un escándalo de 49 obras fantasmas y proyectos, casi 100 millones de dólares estatales girados a cuentas particulares de dirigentes del MAS que nunca fueron devueltos.

Ahorcadura

El MAS no cuidaba las formas y tampoco le interesaba, dejaba que las tensiones sociales y las demandas reivindicativas de los distintos sectores se desinflaran por cansancio, así sucedió con la demanda del bono de 500 bolivianos para los discapacitados, cruelmente agredidos y maltratados.

La lucha del Comité Cívico Potosinista (Comcipo) por acuerdos firmados y no cumplidos, marcaron otro hito nefasto del gobierno del MAS. Los ministros acorralados y sin respuestas al pliego petitorio, derivaron en una humillación sin precedentes al pueblo potosino.

Pero un hecho imperdonable para la historia de Bolivia, sucedió un 7 de agosto de 2018 con la pérdida de la Medalla y la Banda Presidencial, encontradas en un prostíbulo de El Alto, suceso que tampoco inmutó al masismo; era otro de los tantos escándalos como el nudismo en aeropuertos, violaciones en instituciones públicas y desenfreno total.

Sofocación

El 20 de octubre de 2019 marcaría la mala hora del MAS. La sofocación por fraude electoral pondría fin a las arbitrariedades, exceso refrendado y reconocido por una auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA) que confirmaba: “Falsificación de firmas, manipulación de actas y sistemas de transmisión”.

El fin había llegado, el sueño de los 500 años se diluía como agua entre los dedos. El 12 de noviembre de 2019, acorralado y traspirado, Evo Morales iniciaba desde el Chapare un viaje sin retorno.

El fracaso del socialismo del siglo XXI y sus impulsores era un hecho. La revancha vendría luego y se fundiría con la pandemia del Covid-19, una asfixia letal a Bolivia marcada por violentas marchas y bloqueos, amenazas y exhibición de armamento sofisticado, obstruyendo el ingreso de alimentos a las ciudades, oxígeno a los hospitales y medicamentos para el tratamiento del coronavirus.

Pero la gran República no se cansa, no se rinde, y el próximo 18 de octubre dará una gran lección democrática.

“Echemos el miedo a la espalda y salvemos a la Patria” (Simón Bolívar)

Fátima López Burgos es periodista tarijeña.


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